18/10/16

Nota mental

Si dejara de pensar en exceso, bajo esta forma del exceso, afirman que sería más feliz. No le pediría tanto a lo otro, me conformaría con un poco menos, porque no estaría problematizada al punto de abrir el problema a lo Otro. No me volvería tan inevitable extranjera ante cualquier cuestion, dormiría mejor, hasta quizá soñaría. Sin embargo me aterra no sentir. No volver a sentir. Me aterra ya no sentir. Sin embargo, si mermara la actividad intelectual, ¿a qué sentimientos tendria yo acceso? Qué se siente frente a la lluvia cuando la lluvia sólo es lluvia y no símbolo, metáfora, problema y canal de angustia como aquello que conecta, atraviesa y forma. ¿Qué sería del vínculo, de la palabra, del poema si todo esto fuera, tan sólo, algo y no mucho? ¿Qué parte de mí accedería a lo abierto en mi si no tuviera la mano herida, la boca seca, la sed de todo para traducir y nombrar? No soy poeta, no soy escritora, no tengo un título, soy un conjunto de roles. Hoy me vi en un video familiar y descubrí cuánto sonrío. Cuánto. Mi boca está abierta y luminosa, mi boca pronuncia algo que no reconozco en mi. Si dejara esta excedencia de ideas, de problemas ¿sonreiría? No se cómo soy la que ahí se muestra. No se cómo soy la que no escribe, la que se entrega.

2 comentarios:

Iosune De Goñi dijo...

Tal vez la sonrisa sea aquello que escapa a la actividad tejedora de la mente. Pero es cierto. Es la pregunta más difícil: ¿qué sería de nosotros sin metáforas, sin el lenguaje? Y qué sería de lo Otro. Tal vez dejara de ser Otro.

Belén Senillosa dijo...

Si es la palabra la que hace lo múltiple, cada Otro se volvería lo propio de una unidad, preguntarse cuál seria ir desandando la pregunta filosófica hasta donde empieza la pregunta en si. El lenguaje es un modo de la eternidad. Gracias por tus palabras.