23/5/17

Llorar porque salirse de una ya no es la opción. Llorar porque aun hay pudor en arrojar la lágrima frente al otro. Preguntarse por el extranjero y no saber cual es la frontera entre aquel y yo. Llorar porque ahoga el silencio, pprque el terror no abandona, porque la palabra no alcanza a nombrar los rincones entre sombras. Querer frenar, minutos tan sólo, y sentir el ahogo con mayor potencia, porque no se descubre la puerta para la llave que se guarda en el cajón. ¿Es acá? Llorar. Pero no tanto. Si es mucho hay ahogo, si es mucho hay claridad. Si es mucho la migraña vuelve. De este modo sólo se comprime el torax de preguntas cuya enunciación no es. Ya no hay palabras ciertas, porque no hay qué nombrar que traduzca, fiel, lo que se nombra.

Nos descubrimos perplejos ante el dolor.
La piel va rajandose por la sequedad
estamos a la deriva de un sentir que oriente
cada mañana duele
como la primera que dolió
sin explicar por qué.

9/5/17

Sólo estirar los dedos
para acariciar
el soplido de los muertos
despiertos tras la excavación.
El sol ya no llega hasta esta tierra;
de quiénes serán los huesos
encontrados por estas
máquinas sin cerebro;
la historia no relata el dolor de los caidos
esquiva el pestañeo de esos
que brillan como los suyos
cuando se rie del silencio
y se esconde del por qué.
Los dedos se acercan
a danzar con las chicharras
en mañanas de verano,
pasto largo, domingos de terror;
los dedos van
hacia la boca del que sopla
sin llegar.

28/4/17

Todo ha caido, nuevamente, en un estado de confusión plena. La ficción parece reinar hasta la naturalización, y aquello que atraviesa al imaginario no es posible determinarlo parte de lo que se llama real, o no. Hay una despersonalización que ocupa los rincones. El pasado me cruza de espaldas sin reconocerme y no hay noción de veracidad en un abrazo, un olor o una charla. No hay siquiera interpretaciones diversas sobre algo, sino superposición constante de niveles de realidad que me hacen dudar del estatuto de lo que veo como aquello que es. Es necesario dormir.

26/4/17

El horror reside, en parte, en el reconocimiento de la negación como carga de inevitable responsabilidad. Qué se es, o qué se está potenciado para ser es algo que el espejo no devuelve más que bajo la forma de difusos monstruos que escupen datos del pasado y hacen de la herencia un goteo de sangre que no va a coagular jamás. Entonces recuerdo la importancia del uso de las comas, de los punto y comas, del aire que no hay. Hoy desperté con un dolor entre los ojos. En mi vientre empujan las extremidades de un ser que tiene uñas, pelo, y carece de nombre. La estrella bajo la que ha de nacer ya se ha dibujado en el infinito cielo. La negociación con el horror es parte de la aceptación, tal vez genuflexa, de que no hay posibilidad de escapatoria. La liviandad es un concepto, al igual que la felicidad. La quita del rótulo, del nombre, del rostro que era máscara previo a la naturalización, nos devuelve a la forma primitiva de entidades autonomas y carentes de la pregunta que no se enuncia si no se hayan respuestas esquivas.

13/4/17

El otoño es un limbo. Es un entre en el que aparecen las cosas perdidas, reencontradas casi sin quereren un subte o un mercado. No es tiempo de cosecha, sino de guardado. El otoño es como el hogar con la puerta apenas entreabierta. Entran las hojas secas como manos huesudas. Entran porque en otoño deben entrar. El viento frio es buen augurio, las casas van a congelarse en algunos meses. Los indigentes eternizarán sus gestos de hastío, como estatuas de piedra que decoran las calles más elevadas de la ciudad. Un bebé nacerá un día, cuando el frío haya mermado y el limbo no suponga más que un mal recuerdo. Pero aun estamos, y la imagen de lo contemporáneo invadiendo los rincones, entrando por la puerta entreabierta como huesos del cadaver que aún no es, asfixia como si la prensión del muerto hubiera ganado más fuerza al darse algo que presionar. Quisiera recuperar cada carta perdida, recordar quién fui, qué promesas hice. Portar el nombre de lo ajeno como cruz frontal y no saber elegir, tan sólo algunos sellos que el pasado no para de reinaugurar a diario.

11/4/17

El cielo filtraba luces amarillas.
La lluvia caería unos minutos después.
Amarillos son los ovarios heridos al pensarlos;
algo se retuerce dentro mio
porque mis ovarios
rojizos
han podido crear.
Hay una linea
gruesa
que diferencia un abrazo de otro
un olor de un
tono.
La piel se impregna de lo extranjero cuando cree;
una acusacion:
la empatía no es un gesto
es un dolor.
Entonces la voz se acurruca en el miedo
la culpa sonríe desde la caricia de la infancia
¿alguien sabe
que se siente
morir?

29/3/17

Cuál es la pista exacta que marca una duda frente al bienestar establecido? Hay una conformidad inevitable frente a la posibilidad siempre renovada. Una mujer a mi lado dice "es siempre asi de feliz, yo le regalé unas ojotas y al otro día se vino con las ojotas". Decir yo es siempre tan intenso. Alguien titula los acontecimientos, nombra cada momento como si de instantáneas en una galería se tratara. Entonces hoy respondo a 15 de las 18 caracterisiticas que me asemejan con aquel retrato. Entonces voy a portar el titulo, voy a saber lo que siento, voy a definirme por semejanza y asi encontraré a los enemigos que merezca. El cielo no es más azul cada vez. El cielo se enmudece bajo una tintura del color del fuego. Yo me sonrojo al otro lado, yo sé temer.

23/3/17

La identidad se forma y afirma en base a una superposición de mascaras que van naturalizando los gestos ajenos, apropiándose de lo heredado. El cuerpo es víctima de la imagen que nutre y dirige. El ser lo definen las formas materiales limitadas. En este cuerpo hay un cuerpo en desarrollo y ante la seformacion, la identidad se ve trastocada, las máscaras se confunden, y la herencia por la que supe renegar ya no es asiento de confianza. El yo que supe dirigir hacia un destino de definicion abierta, hoy se siente triste. Sentir un rincón vacio cuando el cuerpo está repleto de latidos. Sentir que las palabras son cosas que, como a la masa, podemos estirar, cortar, modificar hasta que dejen de ser lo que en origen eran. La identidad se afirma en la superposición de máscaras. La verdad es la idea de que existe una mascara última, un rostro cierto. Pero la verdad es una idea.